Hola compañeros, compañeras, y compañeres:

Quiero decirles que, para mí, es un gran gusto volver a estar aquí en Morón con ustedes, y más en un día como el de hoy. Agradeciendo en primer lugar, a quienes han trabajado en la organización de esta actividad.

Jornada de lucha, reclamo o resistencia, a fines del siglo XIX, y principios del XX. O de autocelebración y fiesta, en años de prosperidad y conquistas sociales. El primero de mayo pertenece a los trabajadores desde hace ya más de cien años. El dramático hecho de origen, la movilización de los trabajadores de Chicago en reclamo de las ocho horas de trabajo, la represión, y la ejecución en la horca de cuatro de ellos, no ha impedido que la extraordinaria vitalidad histórica de la clase trabajadora, se apropiara de la fecha, y le diera el contenido apropiado para cada momento histórico.

En nuestro país, los trabajadores tuvieron primeros de mayo marcados por la sangre y el luto, a principios del siglo XX. Muchos años después, durante el gobierno de Juan Perón, vivieron en cambio verdaderas fiestas del trabajo, señaladas por las concentraciones masivas, y el festejo de las familias obreras con vecinos y amigos. Es que, después de un largo camino de lucha sindical y política, los trabajadores argentinos habían conseguido por fin, que se materializaran como derechos gran parte de sus demandas.

Pero la fiesta no estaba destinada a durar mucho. La reacción volvió a pegar duro, y la persecución, la tortura y la cárcel, se abatieron sobre los trabajadores durante largos años. El bombardeo de Plaza de Mayo en 1955, y los fusilamientos clandestinos del año siguiente, constituyeron el amargo prólogo de la mayor tragedia de nuestra historia, la del Terrorismo de Estado, en la que los trabajadores fueron, otra vez, las víctimas principales.

Los últimos años del siglo pasado y los primeros del actual trajeron, con la profundización de las políticas neoliberales iniciadas en 1976, otra clase de castigo para los trabajadores: se trataba, según el discurso entonces dominante, de la muerte del trabajo, que llegaba como si fuera una catástrofe natural, imposible de revertir. Para los trabajadores, en efecto, no había más que anulación de sus derechos laborales, destrucción de las fuentes de empleo, exclusión de la salud y de la educación, indigencia, marginación.

Luego, con la llegada de Néstor y Cristina al poder todo cambió. Con la recuperación del trabajo, del salario real, de las paritarias, de los derechos laborales, con un constante crecimiento económico con inclusión, entre muchos otros aspectos, puede decirse que ese cambio de rumbo se sostuvo hasta la llegada del neoliberalismo, de la mano del macrismo. La historia es muy reciente, y ustedes ya la conocen. En síntesis, en cuatro años destrozaron al pueblo trabajador, generaron un industricidio que llevó al quebranto a miles de pequeñas empresas. Por lo que el desempleo y la pobreza se expandió a niveles alarmantes. Como contracara, especulación financiera y las empresas de servicios públicos, dejaban jugosas ganancias para los amigos del poder. Desarticuló todas las instancias reguladoras del Estado, para que la libertad de mercado, de la mano de la meritocracia, sea quien no solo regule nuestra economía, sino también nuestras vidas. Y como frutilla del postre nos dejó una descabellada deuda externa, que solo sirvió para que la clase dominante produjera la mayor fuga de dólares de la historia. Y de ese modo, volvió a introducir en nuestro país al Fondo Monetario Internacional, el mismo del que Néstor nos había desendeudado para no tener que soportar su injerencia en nuestra vida económica. Éste fue el contexto que empujó al campo popular a unirse, para desalojar democráticamente al neoliberalismo del gobierno. Cristina diseñó una ingeniería electoral, para garantizar el triunfo, que a todes nos pareció genial. Se ganó. Ya es conocido el nivel de desquicio que tenía la Argentina en el momento en que el Frente se hizo cargo del gobierno del país. Lo sabíamos desde antes.

Alberto inició su gobierno muy consciente de la situación que debería enfrentar, y comenzó con algunas marchas y contramarchas, con algunos desajustes de gestión, propios de todo nuevo gobierno. Cuando comenzaba a asentarse se desató en el mundo una imprevisible pandemia, cuyos resultados ya conocemos. Se llevó adelante una excelente campaña de vacunación, pero esto no alcanzó.

Se perdió la elección de medio término, e increíblemente la misma derecha que arrasó y endeudó al país, se volvió a posicionar como alternativa electoral para el 2023. A partir de allí, salieron a la superficie diferencias políticas en el interior del Frente, que hasta ese momento eran subterráneas.

La forma dividida, en la que se votó en el Congreso la refinanciación de la deuda, dejó expuestas esas diferencias en nuestro Frente a cielo abierto.

Sobre el acuerdo con el fondo, por lo que he leído, el FMI nos presta durante dos años para que le paguemos algo que tanto ellos como nosotros sabemos que es impagable, y a cambio no nos exige ninguna reforma estructural regresiva. Sin embargo, en dos años tendremos una nueva oleada de gobiernos populares en Méjico, Chile, Colombia, Brasil, Honduras, que van a cambiar favorablemente la relación de fuerzas regional con el FMI. Si pensamos que, a la incertidumbre que nos trajo la pandemia, se suman ahora los efectos imprevisibles de la guerra en Europa del Este, solo podemos concluir que en el mundo actual dos años son una eternidad, que debemos saber aprovechar. Digo esto, por un lado, para que no olvidemos que la refinanciación con el FMI, fue el resultado del desaguisado que nos dejó el macrismo. De hecho, hoy se están retocando algunas cláusulas a favor de Argentina, por causa de los efectos de la guerra de Ucrania. Y por otra parte lo digo, porque me pareció muy inoportuno, el momento y el tema elegido para no acompañar al gobierno, por parte del propio oficialismo. Ya que ni se dijo públicamente durante la campaña, ni recuerdo haber estado en alguna reunión, donde se barajara la idea de no pagar la deuda. Es por eso, que yo, al menos, no entiendo por qué estamos erosionando a nuestra fuerza, con una disputa de superestructura, en un momento que no deberíamos mostrar fisuras políticas. A no ser que alguien guardara la ilusión, de que el moderado actual presidente, al que se lo eligió como candidato precisamente por su moderación, nos sorprendiera con un gesto de emancipación. Tengamos presente, que, para enfrentar los desafíos inmediatos, tales como la inflación, o la puja distributiva, entre otros temas, no hace falta haber leído a Maquiavelo, para saber que se necesita mostrar un poder político fuerte.

No olvidemos que éste, con sus luces y sus sombras, es nuestro gobierno, y que, si no se gana en 2023, su reemplazante será el neoliberalismo, con un toque de neonazismo. No me asustan las disputas, ni las diferencias internas. De hecho, creo que son naturales, en un Frente con componentes políticos tan diversos. Yo tengo muchas críticas sobre los tiempos de la negociación con el FMI. Pero me parece que este es un momento para bancar, exigiéndole a nuestro gobierno que dé respuesta inmediata a las necesidades sociales. Y que dé garantía, que el resultado del crecimiento económico que estamos teniendo, se distribuya equitativamente entre nuestro pueblo.

Para lo que necesitamos consolidar el liderazgo de Cristina, y dotar al presidente del suficiente poder político para confrontar con el insaciable poder económico concentrado. Sin olvidar la contradicción principal por la que se construyó el Frente de todos. No vaya a ser cosa, que nuestras discusiones internas a cielo abierto, sean funcionales, al regreso de un neoliberalismo recargado. Los socialistas somos críticos con este gobierno, pero somos conscientes que, si esas críticas las hiciéramos públicas, estaríamos dañando al gobierno del que formamos parte. Por eso exigimos institucionalizar el frente, para poder debatir puertas adentro civilizadamente. Porque si bien es cierto, como se ha dicho en estos días, que nuestro frente no puede ser rehén del ministro de economía, convengamos que tampoco podemos ser rehenes del tacticismo mesiánico de algunos importantes dirigentes de nuestro frente.

En cuanto a los socialistas del campo nacional y popular, estamos trabajando para unificarnos todes bajo el paraguas de la Confederación Socialista. Para entre otras cosas, empujar con más fuerza, nuestra propia agenda temática, que entre otras cuestiones debe contener:

  • La implementación de la renta básica universal.
  • Una profunda reforma tributaria, que modifique el signo regresivo del actual sistema.
  • Un tributo permanente a las grandes fortunas.
  • El acceso a internet como derecho humano y de acceso universal.
  • La reducción de la jornada laboral.
  • La regulación del trabajo de las llamadas empresa de plataforma, y la organización gremial de todos sus trabajadores y trabajadoras.
  • La defensa irrestricta del medio ambiente, así como nuestro enérgico rechazo a todo tipo de violencia institucional.
  • Y por supuesto expresamos nuestro apoyo, a los dos proyectos de ley que hoy tienen estado parlamentario. Tanto del impuesto a la renta inesperada, como, el impuesto a la fuga de capitales, que se destinará a pagar la deuda externa.

Este día del trabajador encuentra a la clase trabajadora angustiada. Porque ve que uno de cada tres trabajadores es pobre. Porque observa que casi la mitad de nuestra población está por debajo de la línea de pobreza. Porque asiste con estupor a las internas de palacio, que permiten el avance de la derecha más rancia. Y esa clase trabajadora tiene bien claro, que ella, será la principal víctima, si vuelve al gobierno la restauración conservadora neoliberal. Por eso en este primero de mayo, desde el socialismo, y en nombre de nuestra sufriente y luchadora clase trabajadora, le pedimos humildemente a la dirigencia del campo nacional y popular, a que depongamos diferencias. Sin olvidar la contradicción principal, retomemos el camino de la unidad en la diversidad. Para que más temprano que tarde, el día de los trabajadores, vuelva a ser una fiesta, porque haya motivos para festejar.

Sigamos militando por una sociedad más justa, viva el primero de mayo. Muchas gracias, mucha fuerza, un abrazo enorme, y cuídense mucho.