Este 9 de mayo se cumple una década de la sanción de la Ley de Identidad de Género que reconoce el derecho a la identidad de todas las personas a ser reconocidas tal cual se autoperciben, permitiendo también desde una perspectiva jurídica la inclusión y el acceso a derechos inalienables como el de la identidad y el acceso integral a la salud.

Fue la primera ley en el mundo que no requiere diagnósticos médicos o psiquiátricos, ni operaciones de cambio de sexo. Toda persona mayor de 18 años puede solicitar la rectificación registral del sexo y el cambio del nombre de pila cuando no coincidan con su identidad de género, siempre que sea libre voluntad y previendo se respeten los derechos de la niñez, con un régimen especial si se tratara de menores “a través de sus representantes legales y con expresa conformidad del menor”.

La ley fue impulsada en 2007 por diferentes organizaciones de la diversidad sexual y de género de la Argentina y aprobada por el Congreso Nacional en el 2012. La misma indica que se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer. Esto puede involucrar o no la modificación externa del cuerpo o sus funciones a través de métodos farmacológicos o quirúrgicos; incluyendo además otros elementos tales como la vestimenta, modos de hablar o los modales.

Fuente: Inadi

El entonces diputado Jorge Rivas, que acompañó la iniciativa durante la votación en la Cámara de Diputados el 30 de Noviembre del 2011, recordó la importancia de la ley y el ciclo de ampliación de derechos que significaron los gobiernos de Néstor y Cristina.